Impacto del bono de fin de año para las Pymes

Impacto del bono de fin de año para las Pymes

Alejandra Gallo

 

ALEJANDRA GALLO:
Periodista especializada en Economía, Empresas y Política (Crónica TV, Radio Mitre, Clarín, El Cronista, RuedaEconomica.com.ar), Lic. en Ccias. de la Comunicación (UBA)

 

Siempre se dice que la pequeñas y medianas empresas son las que “aguantan los trapos” en tiempos de crisis. Ahora bien cabe preguntarse ¿quién le aguanta los trapos a las PyMEs cuando hay crisis?

Sin duda que los contadores pueden ayudar, y mucho, con los malabares contables –siempre dentro de la ley- para capear la tormenta, en especial cuando hay ruidos en la cadena de pagos. Y, sobre todo, para preservar con las maniobras contables pertinentes los flujos de caja que tan alto cotizan hacia fin de año.

Últimamente se escuchan voces referentes dentro del sector privado que reclaman que el peso del ajuste no recaiga únicamente en ellos. Por ejemplo, el Foro de Convergencia Empresarial (FCE) difundió un documento  en el que remarcó que la presión tributaria nacional, provincial y municipal en el país sobre las empresas representa casi 7 puntos del PBI en la Argentina y que el volumen de ingresos equivale a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Un reciente estudio del Observatorio PyME entre empresas nacionales de entre 10 y 50 personas reveló que esas compañías conviven con crédito comercial negativo y eso explicaría, en parte, por qué en el país hay tan baja cantidad de PyMEs en relación con otros países incluso latinoamericanos pero además explicaría por qué la tasa de mortandad pero también la de nacimiento son tan bajas en nuestro país.

Ese mismo sondeo destacó que la situación actual se hace más preocupante  porque el 68% de las encuestadas admitió que tiene problemas con su cadena de pagos. (Y eso que el sondeo se efectuó antes de la última corrida cambiaria).

¿En este contexto cuál es el impacto del bono de fin de año?

Hay una clara repercusión en los niveles de empleo de  las  PyMEs. Por ejemplo,  en el tercer trimestre de este año todas las pymes mostraron una caída en sus ventas, en términos reales. La excepción fue la industria del software en Capital Federal, que tiene una normativa específica para morigerar los costos  previsionales. En todos los otros sectores, se destacó que las pymes de menos de 50 empleaos sufrieron contracción en el empleo o, incluso tuvieron que recortar sus plantillas. En cambio las industrias de más de 50 empleados y hasta 200 manifestaron tener más una espalda financiera para sostener el nivel de contrataciones.

Sin duda, estas consideraciones llevaron al Ministerio de Producción y Trabajo a implementar sistemas de crédito en la banca pública para apuntalar los flujos de las PyMEs del sector privado que deban pagar a fin de año el bono de $ 5.000 a sus empleados, en principio en 2 cuotas una en noviembre y otra en enero. De hecho, ya que el DNU establece que el bono es decarácter obligatorio y no remunerativo, esas mismas líneas contemplarían la posibilidad de modificar la cantidad de cuotas y/o montos según la situación de flujos de cada empresa en particular.

Hay otro dato muy interesante en otro relevamiento efectuado por IDEA PyME sobre sus 300 socios que reveló que el 98% de los entrevistados dijo que podría identificar mejores oportunidades para sus negocios si el contexto económico y las reglas fueran más estables en el país. No casualmente, en este mismo sondeo el 42% de las PyMEs admitió que cayó su contribución en los últimos 24 meses. Ahora bien a la hora de identificar sus fortalezas 7 de cada 10 de estas empresas consideraron que el principal factor que las vuelve competitivas es la calidad de su producto y/o servicio; es más, sólo el 35% de estas compañías exporta con lo cual quedaría por delante un horizonte dinámico para explorar en un futuro no muy lejano.

Las Pequeñas y Medianas Empresas siguen siendo las que generan cerca del 65% de los puestos de trabajo en el sector privado pero también son las más expuestas a la judicialización de los conflictos laborales justamente por la sobrepoblación de normativas que aún no se pudieron reducir o sistematizar, aunque el Gobierno insiste en que trabaja en esa dirección.

A pesar de todos los vaivenes de la economía doméstica de las últimas décadas, 4 de cada 10 pequeñas y medianas empresas poseen un plan de inversión para incorporar nuevas tecnologías,  lo que las obliga a confiar y creer en el futuro.

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