Colppy | La nueva - Colppy

La nueva

La nueva

Valor: comunicación

Carolina trabajaba con las mismas personas desde hace un año, todo un récord de permanencia. Eran cinco, Caro, dos varones y dos mujeres. El clima era bueno, relajado, se aferraban a las metas, pensaban juntos y siempre cumplían con los plazos. Nada para quejarse, joya, todo bien. Ese día al llegar a la oficina encontró una cartera desconocida sobre su escritorio.

-¡Perdón!, dijo la desconocida retirando la cartera. “Y ¿ésta quién es?”

-Te presento a Micaela, se suma hoy.

-Ah….balbuceó Carolina y se quedó mirando fijo la cartera sin decir palabra. Recibió el beso en la mejilla, ritual de saludo que no significa amor y la cartera desapareció de su vista para buscar lugares más apropiados. “Perdón”, repitió la desconocida queriendo hacer buenas migas, pero ella muda, ni pío. Noooo ¡si está todo tan bien! , se dijo Caro con sorna. Equipo que gana, equipo que no se cambia, lo sabe cualquiera.

-Nos juntamos en la sala de reunión 3 ¿en cinco? Hola Caro, ¡¡Caro!! Se repitió el saludo cuatro veces mientras iban llegando. Eran seis contando a la nueva. Peter la tomó del brazo y le dijo al oído: “te preparé el café con leche ¡calentito!”, sabía que era su debilidad para el comienzo de las reuniones.

Caro ubicada con los demás a la sala de reuniones, se sentó al lado de su amiga Renata controlando de reojo a la nueva que “por supuesto es bienvenida” “hay que salir de la zona de confort”, etc, etc. No era consciente de que estaba moviendo la cabeza de un lado al otro como hablando con alguien. “Che, ¿estás por cabecear un centro?” Oyó que le decían al pasar.

“No, ésta no pasa, no pasa”, se dijo convencida inclinando la balanza de su discusión interior. Ya imaginaba todos los posibles boicots que se podían implementar a partir de ese momento. “Todo calladito, calladito, invisible, pero esta piba no pasa”. La reunión comenzó.

-Todos ya conocen a Micaela, ella trabajó en uno de los equipos líderes del mercado de ventas a las pymes con un producto muy semejante al nuestro. Puede aportarnos mucho - dijo Peter y como si le estuviera leyendo la mente y añadió- saben que la regla de la empresa es traer a los mejores para que nos hagan mejores. Yo sé que esta regla nos desafía porque las personas nuevas alteran la dinámica que los grupos vienen estableciendo previamente. Pero, el esfuerzo vale la pena- fin del comentario, cross a la mandíbula. Caro se repetía “equipo que gana, equipo que no se cambia”..

-El problema es encontrar un modo de abrir el mercado a los clientes difíciles, los que no están, no seguir cazando en el gallinero. Hoy queremos ir fijando unas estrategias para realizar esta salida y ampliación de nuestra cartera de clientes- concluyó Peter.

Empezaron a intervenir sus compañeros, algunas cosas piolas otras ultraconocidas, hasta ahí todo parecía igual, Carolina en silencio porque hoy se proponía hablar lo mínimo. Boicot número uno: pocas palabras. Pero Micaela, la nueva, participaba muy activamente ¡en su primer reunión!

-Yo no estoy segura que el planteo de Peter sea el mejor. Mi experiencia me dice que a veces el camino es permanecer en el gallinero, dijo sin ninguna inhibición.

Silencio general, de un solo golpe la recién llegada reorientaba la agenda, cuestionaba la propuesa del líder del equipo y los ponía a repensar todo. Para hacerlo, estaba jugando la carta de su trayectoria que Peter acababa de reconocer. Resumiendo, ella se siente ¡superior!, ¡superior! Caro sentía que la bilis derramba su líquido vizcoso dentro de sus tripas.

- Y ¿por qué te gusta tanto quedarte en el gallinero? ¿sos de River?, dijo Santiago. Risas generales. El ambiente se distendió, Caro seria.

-No soy de Atlanta- contestó Micaela con tranquilidad y sorprendiendo con el club- Lo que quise decir es que la pregunta tal vez sea ¿qué otras cosas podemos ofrecer a nuestros clientes que permitan diversificar nuestro producto ampliando de esa manera la población objetivo a la que podríamos llegar porque así respondemos a más necesidades.

La propuesta era buena, era buena...Caro sabía que se venía un intercambio intenso entre los participantes. Ella amaba su trabajo y seguía con atención el debate. Renata preguntó:

-¿Podés dar un ejemplo de tu experiencia anterior? Caro estaba por patearla por debajo de la mesa. No, no....

-Sí, nosotros pasamos de ofrecer la declaración de impuestos on line , a ofrecer los balances y de los balances a los presupuestos y al flujo de capital y de allí .....Todos miraban embobados Caro también estaba pensando la idea de Micaela, se había puesto en modo profesional, su brillante mente comercial se focalizó completamente. Tengo que hablar, cambio de planes se dijo Caro.

-Bueno, si recuerdan yo ayer había mencionado la posibilidad de ofrecer herramientas de planificación a los clientes. Ella ¡también tenía algo para decir! Su idea no estaba tannnnn buenaaa, ni era tannn original, pero... .

-Es una idea muy buena Carolina, ese enfoque fue lo que nos abrió la puerta para abrir la cartera de clientes, realmente explotó con eso. Ahora todos la miraban a Caro y ella se quedó como suspendida en el aire, ¡Touchë! La máquina de su cabeza comercial tomo el guante y empezó a hilar conceptos, datos, variables predictivas...

O Micaela no había captado sus miradas de odio o ponía la libido en otro lugar como decía su psicoanalista. Pero Caro también había sentido un desplazamiento interior de su interés.

Como si esto fuera poco, ahora la nueva la miraba esperando que desarrolle esa idea ¡tan genial! Todos esperaban sus palabras. Caro no era de quedarse callada y había pensado el proyecto en profundidad así que largó su perorata. Luego intervino, Renata, Peter, Martín, Santiago, la nueva y ¡Caro! Las cosas se le habían ido de las manos y no manoteaba para recuperarlas.

La reunión había terminado. Carolina se quedó recogiendo su cartera y su tablet. “Chau Caro ¿hablamos después?” Era Peter.

-Perdoná por poner mi cartera en tu escritorio, soy un poco colgada. Le dijo con una sonrisa en sus lindos ojos negros detrás de los lentes. .

-¿Sabés donde puedo conseguir un vaso de agua? Carolina le mostró donde estaba la mesa del Office Manager y se encaminó al baño a arreglarse. Se miraba en el espejo perpleja ¿Qué pasó? Ahora la piba ¡¡¡me cae rebien!! ¡Soy un panqueque! No tenía tiempo para descifrar el misterio. Se arregló un poco el pelo, mirándose en el espejo sonrió y se dijo: ¡genial! Ahora desarrollamos tu idea Caro.

Autor: Fernando Onetto