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No te metas Juana

No te metas Juana

Valor: trabajo en equipo

“¿Qué le pasa a este pibe?” Pensaba Juana Inés mientras prestaba atención al diálogo que seguía en la sala de trabajo entre sus compañeros del equipo de desarrollo comercial. Pedro la había interrumpido cortante y levantando la voz con el rostro pálido:

- Juana eso es imposible, aquí necesitamos un proyecto no sueños-y no añadió nada más, punto final.

-Pero no es un sueño Pedro, es sólo una idea- contestó ella para salir del apuro.

-No, es imposible, no hay financiamiento. Pedro cerró el anotador con severidad. Todos estaban un poco incómodos, los disensos y los conflictos eran valorados en el grupo, pero ese tono..hacía ruido. Lucía intervino para acortar ese silencio que amenazaba con hacerse eterno:

-¿Por qué no pensamos desde cero la cuestión? ¿Cuáles es la data que tenemos? ¿Laura? “Bueno, los costos proyectados son y ajustados por inflación...” La tensión aflojó, otros se metieron en la conversación y así salieron del atasco emocional. Pedro guardaba silencio y tomaba notas. Al terminar la reunión las mujeres se encontraron en un apartado para tomar un refresco, estaban Juana Inés, Lucía y Josefina, contaban anécdotas de fin de semana superponiéndose entre risas.

-Me pareció sólo a mí o realmente Pedro estuvo agresivo conmigo. “No nena ¿qué te pasa? Todas sentimos lo mismo ¿qué onda con este pibe?”

-Si hay alguien del que uno no espera esta respuesta es de Pedro, apuntó Lucía.

-Sí, un dulce el pibe. Sí, sí, confirmó otra y el tema pasó de largo porque la entrega del proyecto los estaba presionando. Juana llegó a su escritorio y junto a ella Sebastián acomodaba la tablet y tomaba un anotador.

-¡Qué raro lo de Pedro! ¿no? El pibe es la réplica argentina del Buda, siempre sonriente y en paz pero hoy se mambeó. Juana asintió con la cabeza sin sacar la vista de su pantalla.

-¿Por qué no te acercás a ver qué le pasa? dijo ella girando sobre su silla. “No sé, es más grande que yo, no somos amigos, además parece un tema personal, mejor no meterse Juana”.

-Un valiente vos ¿eh? Juana sonrió moviendo la cabeza. “Dejame a mí” , la muchacha era de armas tomar, fue a la máquina de expendio puso un billete, sacó un café con leche y buscó un par de sobres de azúcar ( ¿era edulcorante?) Se jugó por el azúcar. Pedro no estaba en su escritorio, ella se quedó sola con las dos tazas en las manos y comenzó a sentirse ridícula ¿No se estaba zarpando? ¿Y si el pibe la recibía mal? Ahí estaba sentado en la mesa grande, solo.

-Hola…. Entrada en escena con una sonrisa a toda máquina. Pedro levantó la vista sorprendido y mirando con asombro el café humenante, extendió la mano con tanta torpeza que el vaso voló por el aire y cayó en el pasillo. ¡Epa! dijo un chico que pasaba por allí esquivando el café con leche derramado en el piso. Juana comenzó a a reírse mientras desparramaba servilletas de papel para enmendar el caos.

-Gracias Juana, gracias- dijo tímidamente Pedro que estaba en cuatro patas secando la inundación con un trapo que trajo de la cocina. “Acá viene la ambulancia”, era Celeste la gerente de la oficina cargando con todos los elementos de limpieza “Tranquilos vuelvan a sus cosas, yo me encargo ¿Te traigo un café con leche?” y se quedó mirando a Pedro, éste miró a Juana y le dijo: ¿vos también querés uno? Rieron con ganas al unísono. “Que sean dos entonces, por favor”

-Está caliente ¿no? Juana mostrando otra vez su blanquisima dentadura, se sentó al lado de Pedro mientras tomaba su café a sorbitos. “Pedro, encontré un proyecto parecido al que discutimos en la reunión en mis archivos. Claro que era menos ambicioso” Silencio incómodo.

-Perdoname por la forma en que te contesté en la reunión- voz queda y la boca a milímetros del vaso- vengo presionado de casa, problemas con mi hijo mayor. Justo pasaba por allí Luciano el gerente de ventas, los miró sin decir nada. Era una regla no escrita de la empresa: no se interrumpía a dos empleados conversando porque las conversaciones personales aunque no fueran sobre el trabajo no se consideraban improductivas. Un estilo se dijo Juana saludando con la cabeza.

-El pibe más grande nos usó la tarjeta de crédito sin permiso y me vinieron 800$ de gasto.

-Bueno, no es para tanto.

-Sí, pero tiene ¡cuatro años!

-¿Cuatro? ¡No puede ser! ¡Ese pibe es un genio! ¿Te das cuenta de todo lo que tiene que saber para usar la tarjeta? ¡¡Genio!!

-¡Es un peligro!

-Sí, si claro está bueno que pongas límite, sino el nene te arruina ¡¡ja, ja!

-También está el bebé que no me deja dormir. Estoy mal con los plazos de mis tareas, bajé mi rendimiento Juana, me lo señalaron en la última revisión.

-Este pibe es un sol, pensó ella y dijo: -Pedro pasame a mí el desarrollo que tengas hasta ahora y trabajamos para avanzar con tu parte. Yo ya terminé con lo mío pero ¡no lo cuentes! Sonrisa sincera: “sos una genia”. Juana cayó en la cuenta de los surcos de sus ojeras y el cansancio que trasuntaba toda su persona. Se saludaron, beso en la mejilla, la alfombra parecía bastante restaurada, pensó Juana Inés con una sonrisa. Sebastián la vio venir, había presenciado toda la escena del café volador y la esperaba entre preocupado y curioso. Ella se sentó suspirando con satisfacción y mutis, sin comentario abrió su computadora.

-Y cómo te fue, contá, contá.

-¡Ah!...¡cobarde! Contestó ella en tono de broma. “Todo bien con el pibe”

-¿Te contó algo? ¿qué le pasaba en la reunión?

-Como suponíamos, cosas personales pero me pasó un trabajo, habría que buscar datos. Aquí salió la parte de Sebastián que a Juana le encantaba, ponía el hombro sin preguntar mucho. Ella sabía que en un par de horas él debía entregar una propuesta, pero Sebastián dijo:

-“Pasame el archivo” no más preguntas, todo marca Sebastián. Juana ajustó los auriculares con música. Necesitaba aflojar ¡qué grande ese mocoso! ¿cómo pudo hacer eso? Cuatro años ¡ ja, ja! Mientras hacía girar su silla se dejó llevar por la música.

Autor: Fernando Onetto