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Todo se puede chequear

Todo se puede chequear

Valor: buen juicio

El no era un tipo puntual, al contrario había que sumar diez o quince minutos a la hora pactada, no mucho más pero de diez minutos no bajaba. Sin embargo, ¿quién le iba a decir algo? Gozaba de ese perdón generoso que acompaña al éxito. Diego Iñiguez había conducido a la empresa a un crecimiento explosivo. No había salido en las revista Forbes ni era conocido en los medios locales, pero de tres empleados a 2000 hay una distancia ¿no?, se decía Diego en su monólogo por la mañana. Un poco creído era, pero había algo que lo hacía distinto a Diego, él siempre miraba la película desde la platea, espectador más que actor. Creía que las historias tenían alma propia y funcionaban por sí mismas. Espectador más que actor. No se podían controlar los sucesos, eran tantas las variables que incidían que no cabía otra que darle un poco de crédito al azar, big data aparte. Conclusión principal: no hay nada que ocultar en la vida de la empresa porque ocultar es un modo de intentar controlar las historias.

“Hoy reunión con Mariana”, pensó mientras se subía al subterráneo. No le gustaba conducir, tipo raro que tenía un extraño don para los nombres. No era una cosa fácil porque ya eran muchos. Claro que no podía conocer a los dos mil pero retenía muchos nombres ¡y caras! Cualidad de políticos más que de empresarios pero era algo que le ayudaba a romper el hielo con la gente. A pesar del sube y baja de las emociones diarias siempre mantuvo un criterio, no había nada más importante que las reuniones con sus empleados.

¿Nos instalamos en México? La pregunta le daba vueltas en la cabeza, no era una decisión más, era pasar a otro rango de empresa, de dinero y de problemas ¿Empresa más grande igual a mejor empresa? ¿Estamos vendiendo el alma al diablo? A veces su mente era un lavarropas, daban vuelta las ideas mientras pasaban las estaciones del metro de Buenos Aires.

-¿Por qué me cuesta tanto? Se decía Mariana sentada en la sala frente a la oficina de Diego. Nerviosa, un poco angustiada y repentinamente insegura esperaba la reunión. La propuesta de la empresa líder en el mercado era irresistible, el mismo trabajo, sueldo mejor y promesas de ascensos “¿Por qué me cuesta decir que me voy? es sólo un trabajo se repetía. Pero fueron cinco años y el vínculo con sus compañeros era fuerte. “Tampoco son tu familia-se dijo- parece que estuvieras por separarte o algo así. Estás sacando las cosas de contexto” Razonaba, buscaba palabras, pero la angustia no se iba.

-Hola Mariana, dijo con su sonrisa ancha mirando el reloj mientras se sentaba- son los diez minutos famosos que no puedo bajar, che perdón por la demora, ¿cómo vamos?. La miraba sentado con la espalda recta sobre el respaldo de una silla-Contame ¿qué querías conversar conmigo?. Derecho al grano, cerró su celular esperando. Ni cómo te va, ni cómo está la familia, Diego tenía un estilo ahorrativo con las palabras.

- Mirá Diego, comenzó a decir la muchacha y de pronto sin saber por qué ¡se puso a llorar!

-Ay, perdón, le dijo mientras le caían dos arroyitos por las mejillas. Sonreía mientras buscaba con urgencia un pañuelo. “¡Qué papelón!, perdón”

-Mirá aquí hay unos pañuelos de papel. Yo voy a tomar un café ¿querés tomar algo? ¿agua? ¿café?

-Agua, alcanzó a decir ella. Diego llamó por el intercomunicador a Marcela su ayudante.

-Perdón, volvió a repetir Mariana.

-Llorá tranquila, pero no mucho tiempo porque me voy a poner a llorar con vos. Es algo que me pasa desde chico, veo a la gente llorar y ¡¡me largo yo también!! Imaginate los dos llorando ¡y yo sin saber por qué! Los dos rieron un poco.

-Mientras vos te reponés te quiero pedir una opinión sobre algo que debo resolver pronto. Tengo que decidir si apruebo la idea de fusionarnos con una empresa mejicana, una hermana gemela nuestra. Se amplía todo ¿te das cuenta? Ella entendía perfectamente porque estaba en el sector finanzas. El tema no era tan nuevo ya habían tenido fusiones, además no era un secreto porque inmediatamente estaría en la página de la empresa como realidad o como proyecto. Silencio, Mariana se sonaba la nariz.

-¿Qué harías Mariana? ¿Conservadora o atrevida?

Ella sabía que no eran preguntas retóricas y Diego estaba esperando una respuesta- Estaría bueno crecer ¿no? alcanzó a decir la muchacha.

-Seamos atrevidos entonces, concluyó Diego. ¿Cuál sería el sentido de asustarnos ahora? Dijo para sí mismo ¿No querés pasar al directorio de la empresa? ¡Ja, ja! Se rieron juntos. “Mirá acá vino el agua”, Marcela entró con una pequeña bandeja y su sonrisa. El se puso a tomar café y la miraba en silencio.

-Me hicieron una oferta de otra empresa y me pagan mejor. Es más grande...

-¿Te pagan más que acá? ¿ y más que el promedio del mercado?

- Sí, contestó ella.

-¿Cuánto? Ah….. y ¿Cuánto es tu sueldo actual?- ella le dio el dato- Mariana primero te felicito y los felicito a los competidores porque pudieron descubrirte. No puedo igualar esa cantidad, pero sí puedo darte un aumento de sueldo digamos del 20% de lo que ganás actualmente. Sos muy buena en lo tuyo Mariana, sé muy bien que tenés mucha productividad, aprendés y crecés continuamente, tus compañeros te valoran mucho ¿sabés lo que nos costaría conseguir a alguien como vos? ¿Qué te parece Mariana? ¿Te quedás con nosotros? La miraba atento, silencio, ella dudaba.

-Pensalo con calma y me contestás mañana ¿qué te parece? Si aceptás, ya doy aviso a liquidación de sueldos que te den el aumento en el primer sueldo a cobrar. Se puso de pie y vino a darle un beso de despedida “Ojalá te quedes con nosotros” y partió. Ella se quedó un poco pasmada como le sucedía cada vez que hablaba con Diego: “ pocas palabras, tómalo o déjalo pero todo sobre la mesa y, además, le pegó que él la tuviera tan registrada, tan nítida después de todo el crecimiento que tuvo la empresa. Todo chequeable sin misterios, todavía dudando se puso de pie y se encaminó a su escritorio.

Las cuentas eran claras, afuera iba a tener un sueldo mejor ¿qué la retenía en la empresa? ¿miedo a lo nuevo? ¿era sólo sumar y restar? El torbellino se expandía

Sus tres compañeros de equipo dejaron sus tareas y la miraban esperando novedades. Esa expectativa en sus miradas y el silencio esperando su palabra, le arrancaron una sonrisa y un calor abrigador se fue expandiendo por dentro.

-Creo que me quedo, les dijo por fin a sus compañeros y los tres se levantaron al unísono. Sin haberlo preparado, quedaron apiñados en un dulce montón de besos y abrazos, era trabajo sólo trabajo, pero la alegría era verdadera. Cuando se sentó en su escritorio y abrió la computadora en la pantalla aparecía el anuncio de la fusión con la empresa mexicana.

Autor: Fernando Onetto