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Vino y canapés

Vino y canapés

Valor: innovación y curiosidad.

“No, no atrapé con la propuesta”, se dijo Luciano. Aplausos, sonrisas por la mitad, algunas palmadas pero su sexto sentido le avisaba que no había logrado seducir. Había hecho la presentación ante los inversores norteamericanos, una TED de venta. Estaban en un resort en Playa del Carmen Méjico, todo paradisíaco pero él no podía disfrutar en los viajes de trabajo, eso sí al gimnasio no lo perdonaba. “Vamos a una excursión más tarde ¿Vienes?” le preguntaron dos colombianas al pasar.

-No sé, veo, ¡gracias! Como para salir del compromiso mientras recogía sus cosas y seguía cavilando. Para darse ánimo pensó que tal vez el trato con los inversionistas se encarrilaría en la cena, no sería la primera vez. No estaba contento, “hay que creer en el valor de lo que se vende” la frase de su mentor en la vida profesional aparecía en el radar de su mente ¿no creo en nuestro proyecto? No tenía una respuesta. Caminó hacia el salón del break cruzándose con inversores de distintos países. Conversó un poco con algunos que conocía de otros encuentros, tenía un inglés fluido. Allí estaba Erica su compañera de trabajo que lo miraba con sus ojos soñadores y perspicaces, se acercó comiendo su canapé y dándole un pequeño empujoncito dijo:

-¿Qué onda Luciano? ¿Por qué esa cara? Dejaron que pasara la fila de los participantes, siempre sonrisas. Luciano veía algo en el brillo de los ojos, en realidad, en la falta del brillo “Estos tipos no compran”, pensó. Saludando a todos y dando manos a diestra y siniestra venía el CEO de la empresa que había viajado con ellos. El tipo conseguía administrar sus tensiones admirablemente. Bernardo, ése era su nombre, se estaba jugando el pellejo pero el hombre impecable y tranquilo como si estuvieran en una fiesta de cumpleaños.

-¿Cómo vamos muchachos? ¿Fue bien la recibida la presentación? A mí me pareció que vamos bien ¡nos vemos! Saludo, canapé, boca llena y partida conversando con dos japoneses.

-Ahora tranquilo ya está Luciano, todo marchará bien. Yo me voy a hacer unas compras para mis sobrinos. le dijo Erica. Nos encontramos mañana en el lobby a las 9 y hablamos tranquilos ¿te parece? beso por el aire y partida.

-Sí, sí, te veo allí, contestó Luciano y se quedó mirando unos segundos cómo ella se alejaba.

Estaba solo caminando por la playa descalzo, sandalias en la mano y ropa deportiva. Le gustaban las caminatas, sólo se mataba en el gimnasio. Acalló el celular y dejó que el sonido del mar se le metieran en el alma. Estaba buscando en su interior un lugar dónde residir, siempre había un lugar apropiado donde sostenerse en cada situación. Sabía que finalmente lo encontraría, claro que para llegar faltaban trechos de oscuridad. En eso estaba. Se fue serenando pero la pregunta quedó sin respuesta ¿creía en el proyecto?

Las cenas lo arreglan todo y esta no fue la excepción. Bernardo se hizo cargo y con unos whiskies cerró la venta consiguiendo las inversiones esperadas y más también. Luciano participó sin decir mucho, había que dejar al jefe hacer lo suyo. La habilidad de Bernardo para las relaciones comerciales era proverbial y esta vez también lo hizo.

Al día siguiente Luciano y Erica estaban tomando un café frente a frente en el lobby del hotel. Venía bien el ristreto para despejar la mente, la cena había sido larga.

-Erica ¿qué me pasó ayer? Desde afuera ¿cómo me viste? con ella podía abrirse porque así trabajaban, a libro abierto. Formaban un equipo muy bueno al que se le confiaba las tareas más delicadas en la empresa. Una relación varón mujer centrada en el trabajo que se basaba en una singular confianza emocional mutua.

-Lo hiciste bien, los tipos salieron convencidos- ojos soñadores lo miraba preocupada.

-Llevamos seis meses trabajando en este proyecto. Lo creamos de la nada, discutimos un montón, no dejamos detalle sin repasar, hicimos un producto genial...

-No me la cuentes que yo estuve ahí ¡ja, ja!

-No lo tuyo fue decisivo Erica, te debían mencionar más en los agradecimientos,

-Bueno, bueno, no tanto ¿cuál es la pregunta?

-Al presentarlo me llené de dudas y vos sabés que yo no tengo pánico escénico.

-No se notó Luciano, para mí estuvo muy bien, retrucó Erica ¿Qué es lo que te generaba inseguridad?

-Creo que había algo en los datos, no tenían entrecruzamiento suficiente.

-No se notó, pero deberíamos tomar nota y trabajar más en eso la próxima porque es probable que tengas razón, dijo ella pensativa. Siguieron conversando largamente mientras los participantes de la jornada pasaban alegres con atuendo playero. Negocio cerrado, inversores contentos, foto grupal, etc. Cuando tomó conciencia ya estaba en el avión de vuelta. Las cosas habían salido bien ¿para qué darle más vueltas?, pensó Luciano. Erica parloteaba a su lado contándole los regalos que había comprado para sus sobrinos.

Al día siguiente, estaba frente a la computadora, pantalla conocida y un poco de relax después del viaje exitoso, también había un bono interesante para cobrar. Pero el muchacho no era de dejar preguntas en la espalda. “Bien Luciano, ¡qué grande amigo!” Los chicos del sector de ventas lo felicitaban como al guerrero que vuelve victorioso de la batalla. El asentía con la cabeza y chocaba manos. “Es la expectativa geométrica” sonó el mensaje en su cerebro. “Esperas un triángulo equilátero tres lados iguales, tres ángulos iguales. No falta nada, no sobra nada”. Esa era su respuesta provisoria, por ahora.

-Erica, creo que sé lo que me pasó en Playa del Carmen. Ella se sorprendió un poco, “este pibe la está haciendo muy larga” pero decidió darle tiempo porque lo conocía, no iba a descansar hasta darse una respuesta..

-No hablé con convicción porque mis expectativas son geométricas, dijo él con seriedad.

-Suena muy profundo, pero no entiendo nada. Sinceridad a full.

-Espero que los proyectos sean perfectos y nunca lo son. Me di cuenta que nuestro análisis de los datos era insuficiente y perdí toda la fe en el proyecto. Y me sucedió ¡mientras hablaba! ¡en la presentación!

-Entiendo, algo de eso me pasa a mí también. Pero, ¡cerramos el negocio! Y ¡vamos a cobrar el bono! ¡ ja, ja! Le contestó la muchacha

-Erica el mes próximo tenemos un negocio más grande y quieren también que yo vaya a hacer la presentación.

-Genial, ¡te felicito! , representaba un ascenso y ella se alegraba de corazón.

-Dije que sin vos no hacía nada, así que vamos juntos. Erica le dió un sonoro beso en la mejilla. ¡Genio!

-Pero los dos sabemos que esta vez el negocio lo cerró nuestro CEO en la cena. No fui yo. “Sí de acuerdo apuntó la muchacha”-Erica, si el desafío es mayor esa expectativa de que salga todo según lo esperado y perfecto me puede destruir- Ella ya no quería pasar la página de Playa del Carmen él había captado su atención.

-Está todo ok pero creo que estás en un enfoque seudopsicológico ¿Qué aporta esto a la empresa?

-Trabajemos más en los datos tenemos mente de programadores e ingenieros, necesitamos cruzar datos comerciales, de contexto, etc. Eso nos falta.

-Comprendido y aceptado, pero...la muchacha lo invitaba a avanzar en el análisis.

-¡Pero siempre va a ser incompleto!. Chocaron las tazas de café y las manos ¡Eso! Dijo Luciano

-Creo que la experiencia deja otra cosa: cuando señalás que no cerraste el acuerdo sino que lo hizo Bernardo ¿él no es parte del equipo? ¿no es él y nosotros cerramos el acuerdo? Y otra cosa ¿por qué no valoramos lo que se logra con vino y canapés?

-Buen punto, buen punto ¿por qué cuesta ver al CEO como parte del nosotros? Y siguió la charla entre ellos, más distendida.

“Ahora la página de Playa del Carmen se corrió sola” pensó Erica mientras caminaba por el pasillo rumbo a los ascensores. Las preguntas de Luciano demoraban, complicaban, pero...no estaba mal ¿no? Ese dar vueltas y vueltas es nuestra manera, se dijo y a ella le gustaba. Resultados no faltaban ¿no? Con una sonrisa tomó el ascensor.

Autor: Fernando Onetto